Home » Actualidad » Claves en la reforma de la secundaria porteña

El enfoque tiene amplio consenso entre los expertos de todo el mundo. Se busca que elcolegio secundario tenga un sentido para los adolescentes, que esté vinculado con sus vidas cotidianas, que use la tecnología y les de herramientas para el desarrollo de la autonomía y la inserción en un mercado laboral donde lo único permanente es el cambio.

La medida será implementada a partir de 2018. No existirán más materias sueltas sino integradas en áreas de conocimiento. Las notas numéricas se reemplazarán por un sistema de créditos. No habrá más notas numéricas del 1 al 10: los alumnos serán evaluados con un sistema de “créditos” que contemplarán “todas las situaciones del aprendizaje”; no se repetirá más el año completo, en su lugar se recuperará contenidos a contraturno.

Estos son solo algunos de los ejes de una reforma radical de la escuela secundaria que se implementará en las escuelas públicas porteñas a partir del año que viene, y que van en línea con los cambios generales que promueven el Ministerio de Educación nacional y el Consejo Federal para adaptar la escuela media a los nuevos tiempos y así combatir la deserción.

La nueva secundaria en Capital incluye, eso sí, un punto novedoso y que despierta polémica en algunos sectores: todos los alumnos deberán trabajar en el último año. El nuevo diagrama incluye 2 años de ciclo básico, 2 años de ciclo orientado y 1 quinto año que será “integrador y formativo más allá de la escuela”. Para este último año se contempla una parte del tiempo escolar destinado a aprendizajes dentro de empresas y otro al desarrollo de habilidades relacionados al emprendedorismo. Para el gobierno es la mejor forma de integrar la educación con el trabajo pero otras voces, especialmente del mundo sindical, afirman que se piensa en la formación de “mano de obra flexibilizada”. No está mal la relación de la escuela con el mundo laboral pero hay que ver en qué tipo de trabajo se está pensando. Los estudiantes tienen que ser sujetos de derechos y no adaptables a las necesidades del mercado.

No es una reforma curricular sino un cambio en el enfoque, en el paradigma cultural, en la manera de mirar al estudiante. Se trata, en definitiva, de una nueva forma de planificar la enseñanza. Los contenidos serán los mismos que los que vienen de la actual “Nueva Escuela Secundaria” (NES), que se está implementando en la Ciudad en los últimos cuatro años. La diferencia es la forma en que que se darán estos contenidos: con materias más vinculadas unas con otras y con el eje puesto en que los estudiantes trabajen con autonomía y en forma colaborativa.

En cuanto a la vinculación del último año con el trabajo, las pasantías no se harán solo en empresas. El lugar será elegido por los docentes junto al ministerio de Educación -que hará los lazos institucionales- y tendrán que tener un sentido pedagógico. Por ejemplo, aquellos alumnos de la orientación de arte podrían hacer sus prácticas en el Colón o en el conservatorio. A este enfoque de vinculación se lo conoce como “práctica profesionalizante” y ya es común en escuelas técnicas y algunos colegios privados. La novedad es que ahora lo harán todos los estudiantes secundarios de las escuelas públicas porteñas.

Los alumnos del último año también tendrán la opción de estudiar las dos materias comunes del CBC de la UBA u otras de institutos terciarios, para así preacreditar esas materias e ir avanzando en su futura trayectoria educativa.

Claves de la reforma de la secundaria porteña

  • Arrancará el año que viene en 17 escuelas públicas. y completará las 143 del distrito en 2021.
  • En cada caso, el nuevo esquema comenzará en los primeros años. El resto de los alumnos continúan con el viejo régimen.
  • El contenido curricular sigue siendo el mismo pero cambia la forma en que se lo da. Las materias se agrupan en cuatro áreas de conocimiento: ciencias sociales y humanidades, científico tecnológico, comunicación y expresión, y orientaciones.
  • En el 30% de la clase el docente introduce los contenidos y el 70% restante es para “trabajo autónomo y colaborativo”.
  • Los chicos llegan a la secundaria con un informe de la primaria.
  • No habrá notas numéricas, sino un sistema de “créditos”. No habrá repitencia tradicional: se debe recuperar los contenidos.

Para los especialistas, la clave es cómo se ejecutará el plan. La reforma de la secundaria que está encarando el gobierno porteño es necesaria y va en el camino correcto, pero al mismo tiempo advierten que, por eso mismo, la forma en que se la implemente es de vital importancia. Remarcan que hay que avanzar en forma consensuada con los docentes y la comunidad educativa y que, si se lo hace mal o a las apuradas, se corre el riesgo de ir en contra de la misma reforma. Todos coinciden, además, que para que la reforma sea exitosa se requiere una adecuada capacitación de los docentes que les toque trabajar con el nuevo esquema pedagógico.

Sin embargo, existen algunos riesgos que tiene así como está planteada. Las propuestas que exigen gran autonomía de los estudiantes pueden agravar la situación escolar de los alumnos de sectores más vulnerables cuyas familias tienen menor capital cultural, si no existen apoyos muy fuertes desde la escuela para compensar esas desigualdades de origen. Además, los medios y recursos didácticos deben ser de gran calidad: guías de aprendizaje, plataforma digital, proyectos interdisciplinarios no deberían ser tercerizados sino hacerse con la participación de las escuelas y los docentes. El cambio no se compra hecho, consiste en desarrollar capacidades propias. Hay que tener cuidado en la forma de abordar la reforma. No nos olvidemos que quienes están en las aulas son los docentes y muchas veces se frustran de escuchar grandilocuentes propuestas que no se llevan a la práctica o que los amenaza en algún aspecto. Para poder hacer los cambios es necesario tener buenos equipos en los ministerios y acompañamiento en las escuelas.

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