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La necesidad de innovar en educación

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La investigación educativa muestra que todavía en la Argentina la mayoría de las clases se basan en que los chicos y jóvenes adquieran y repitan conocimiento enciclopédico, al que no terminan de comprender o de encontrarle sentido. La buena noticia es que ya tenemos herramientas para innovar. Se trata de potenciar a los docentes fortaleciendo su formación con estrategias de enseñanza más activas, con las que puedan reposicionar a los chicos del rol de meros consumidores. La investigación muestra que cuando la escuela se convierte en el centro de la innovación los cambios son auténticos y se sostienen en el tiempo.

Existen múltiples dimensiones para innovar en educación. Innovar en el qué (contenidos, programas), en el cómo (técnicas, formatos), en quiénes (estudiantes y docentes) y en un contexto histórico determinado y determinante. Más allá de los diversos abordajes hay cierto consenso: la educación del futuro tendrá que ser flexible, inclusiva, de calidad y adaptable a un paisaje laboral que no cesará de cambiar. Si la educación no innova, es decir, si no empezamos a pensar al alumno fuera del aula y después de la escuela, no tendremos chance.

Las políticas educativas juegan varios roles en relación con la economía presente y futura. Por ejemplo, Se sabe que el ingreso correlaciona fuerte con el nivel de educación, por lo que el acceso a la educación pública de calidad es el principal instrumento de movilidad social. Una buena educación iguala; una mala genera pobreza y desigualdad. Además, si los jóvenes están bien formados, se suman a la fuerza laboral con empleos productivos y hay más crecimiento. En cambio, si están mal formados, consiguen empleos menos productivos, peor aun, se desalientan. Con una economía mundial que compite en conocimiento, la innovación educativa es nuestra mejor apuesta al crecimiento inclusivo, y tal vez la única.

la necesidad de innovar en educación

Para responder a los empleos del futuro, la educación deberá ser sí o sí flexible y adaptable. Hace unos años se pedían más ingenieros. Los ingenieros son muy necesarios hoy, pero es probable que en 10 años las máquinas terminen sustituyendo también mucha de su tarea. Hay que pensar la innovación educativa en el marco de una carrera, cada vez más cerrada, entre educación y tecnología. Además, para modernizar la enseñanza hay que modernizar al docente, formándolo y cuidándolo, pidiéndole y dándole más. Lamentablemente, el costo político de este proceso es inmediato y sus frutos son a largo plazo; de ahí que la innovación educativa sea políticamente poco redituable y vaya tan lento. Por ejemplo, modernizar formatos no es eliminar el aula, flexibilizar contenidos no es jubilar a la educación formal. La innovación exitosa suele combinar dosis pequeñas de disrupción con una revalorización de lo que hay.

En educación superior, se puede innovar flexibilizando las currículas, acortándolas y combinándolas. Pero también se innova incorporando medios virtuales en la enseñanza y en la evaluación, o convirtiendo a los trabajos prácticos en talleres en los que el alumno se entrene en la aplicación del conocimiento a la solución de problemas.

¿Por qué cuesta innovar?

Cada vez que se habla de innovación se habla de un cambio radical, cuando en realidad sólo debería ser un pequeño y estratégico cambio. Los docentes están agotados de la nueva solución mágica e innovadora. Así como también la sociedad proyecta la culpa a la escuela como si fuera el único espacio educativo. Lo más difícil es unir las partes de un engranaje y sobre todo que todos se comprometan y crean que son parte de un proyecto social más grande. ¿Cómo se hace? Recuperando la experiencia de los que están frente al aula, involucrando a las familias, leyendo el contexto y las necesidades. La innovación debe incluir un consenso de intenciones y actores. Muchas veces se diseñan las propuestas de innovación en contextos alejados donde se aplicarán; no se consideran los recursos ni trayectorias existentes o las necesidades reales, lo que avisora un fracaso y desinterés.

El estudio de las ciencias de la computación es un ladrillo fundamental de la ciudadanía de calidad del siglo XXI. Para entender la lógica y el lenguaje de las máquinas existe la programación, que es una parte fundamental de las ciencias de la computación. Necesitamos contar con los conocimientos que aporta esa disciplina para comprender e impactar sobre el mundo que nos rodea. Por eso es fundamental que todos los chicos y chicas del país aprendan a programar en la escuela. Que los chicos sean usuarios hábiles no debe confundirnos. El usuario sin conocimientos de programación, por más destreza que alcance, no puede pasar al rol de productor en toda su dimensión.

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