Home » Actualidad » Los niños y el encanto por las artes plásticas

Para el niño pequeño, descubrirse dejando marcas en una hoja de papel, en la mesa o en cualquier otra parte, representa un logro maravilloso. Tras las primeras acciones, inicia un camino que recorre a veces con placer, otras con sorpresa, y en ocasiones también con enojos o frutraciones por no poder plasmar aún aquello que desea comunicar. Las producciones gráficas de los pequeños no son el simple resultado de posibilidades manuales, sino expresiones que dan cuenta de logros en el desarrollo, no sólo en el campo cognitivo y psicomotor, sino también en lo que hace a su amado psíquico. Esta actividad, cada vez más coordinada y compleja, permite al niño construir aprendizajes que comprometen diversas áreas. Muchas de ellas se verán involucradas, por ejemplo, a la hora de apropiarse en un futuro de la lecto-escritura.

El camino que transitan los nenes, desde el garabateo a la generación de dibujos más organizados, propicia la confianza y la motivación necesarias para avanzar en nuevos aprendizajes e intercambios con el medio. La observación atenta, sin interferir o criticar, es fundamental. Los chicos nos cuentan, a través de sus obras, acerca de los recursos simbólicos y los vínculos con los objetos de conocimiento. Pero también nos hablan de sus emociones, de la relación con los otros, y obviamente, de ellos mismos.

  • Entre el año y medio y los 2 años los niños comienzan a experimentar con múltiples objetos, sin intención de dibujar algo en particular. Estas primeras expresiones llamadas “garabato descontrolado”, se caracterizan por cierta descarga motriz, por la impulsividad y el deseo de dejar marcas en gran parte de la hoja. Alrededor de los 3 años, al controlar con mayor efectividad los movimientos, ya son capaces de producir lineas, trazos y combinaciones, y en algunos casos aparecen objetos que intentan semejar algo de la realidad.
  • Entre los 4 y 5 años los trazos circulares y longitudinales, que provienen directamente de las etapas de garabateo, evolucionan hacia formas reconocibles. El primer símbolo logrado por el chico es, por lo general, el hombre. La figura humana se dibuja típicamente con un círculo por cabeza y dos lineas verticales que representan las piernas. Los primeros esbozos son de personas, y esto nos habla de la importancia que el niños le adjudica en sus dibujos, que se evidencia a lo largo de toda su infancia. Sin embargo, no está claro el por qué la representación del “renacuajo” debe ser la primera manera que el niño utiliza para dibujar el ser humano, aunque se supone que no está tratando de copiar el objeto visual que tiene ante sí.

Piaget, uno de los grandes estudiosos del desarrollo infantil, descubrió que los niños de 6 años creían que el proceso de pensar tenía lugar en la boca. Es evidente que los ojos, los oídos y la nariz hacen de la cabeza el centro de la actividad sensorial. La adición de piernas y brazos lo hace móvil y funcional. Finalmente, hacia la edad preescolar, el pequeño puede diferenciar entre un nene y una nena incluyendo partes del cuerpo, elementos, detalles o accesorios.

Respetar la naturalidad y espontaneidad del chico es preservar el canal de expresión de su mundo interior. Como adultos, es fundamental no esperar determinadas conductas a una edad específica. Debemos sí estar atentos a sus producciones, a los cambios y progresos que ellos han de lograr. Una mirada parcializada nos limita y obstaculiza la visión integral del niño. Saber descifrar este lenguaje cargado de significados en el que cada trazo, tema o disposición de las formas y los colores son elementos que nos muestran la vida real del niño, nos abre una puerta al fascinante mundo infantil.

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