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Buscar reinventar la educación ante la crisis sanitaria mundial

Buscar reinventar la educación ante la crisis sanitaria mundial 1

En este tiempo que nos toca vivir, de emergencia sanitaria global, se desarma cualquier intento de “seguir haciendo lo que hacíamos”, nos enfrenta a nosotros mismos en muchos sentidos, desde las posibilidades de satisfacer las necesidades básicas hasta la más mínima expresión de solidaridad o no.

Nadie está preparado para algo así, pero es el tiempo que nos toca y frente a esto, con un Estado presente, decidimos cómo transitarlo. Desde la educación, estamos atentos a qué podemos hacer y qué no para sostener de la mejor manera posible procesos de enseñanza y  aprendizaje, mientras vivimos en un marco de enfermedad de a miles pero con la mirada también puesta en el futuro y en lo que deseamos para él. Antes de enloquecernos viendo qué y cómo usar de la tecnología para desarrollar nuestras clases, empecemos por lo que nos identifica: la educación.

La educación es ENCUENTRO, VÍNCULO, ENTREAPRENDER, es actuar dialógicamente desde y con el otro. Desde esta perspectiva, la presencia será indiscutida y fundamental en el quehacer pedagógico. Reconocer esto nos da la posibilidad de comprender también las posibilidades de los escenarios digitales para promover tanto encuentro como desencuentro. El impacto de las tecnologías en las prácticas sociales también interpela el concepto de presencialidad, tema controversial pero a su vez indispensable. Son dos escenarios diferentes, pero necesarios a la vez. Los escenarios digitales nos posibilitan presencia, encuentro, vínculo, es lo primero que deberemos lograr para avanzar en los procesos de educación virtual.

Se reconocen al menos tres dimensiones para abordar la problemática: la político-institucional, la pedagógico-didáctica y la tecnológico-comunicacional. Entre la política nacional y los actores median las instituciones. Dependerá de ellas la adhesión o no a los lineamientos y el accionar en pos de garantizar el derecho a la educación y la adecuación de estrategias tecno-pedagógicas.

No se debe confundir el diseño de aulas virtuales mediadas y mediatizadas con la producción y/o distribución de recursos educativos. Diseñar un aula virtual es un proceso complejo que requiere tiempo y desarrollo de recursos educativos, estrategias de mediación y de interacción instrumental, cognitiva y social, reconocimiento de las posibilidades de diferentes medios, entre otras acciones. Las herramientas, recursos y aplicaciones dependerán de los objetivos pedagógicos que el docente quiera lograr, de su estilo de enseñanza, de las características y realidades de sus estudiantes y del contexto más amplio (no se acomoda la propuesta al recurso, es al revés). Será necesario recordar que la presencia docente a través de la producción de recursos de autoría propia (textos, videos, imágenes, audios) es una manera de acercar las posibilidades de encuentro, de vínculo con nuestros y nuestras estudiantes y desde allí favorecer el aprendizaje.

Son numerosas las experiencias que se dan en nuestro país para enfrentar esta situación. Entre otras, el diseño y desarrollo de recursos y aplicaciones on y off line, en distintos soportes, en diferentes medios, con distintos mecanismos. Para ello, el Gobierno Nacional promueve el uso de radios y canales de televisión para desarrollar y distribuir contenido educativo. Necesitamos empezar a proyectar propuestas educativas post pandemia a partir de los aprendizajes que nos deja este proceso.

Es indiscutible que las herramientas sincrónicas (chats, videoconferencias en tiempo real) otorgan un valor mayor en la posibilidad de interacción social y cognitiva. No obstante, para que esto sea así, se deberá tener en cuenta el componente tecnológico, la conectividad, la aplicación. Si la tecnología obstaculiza o dificulta el encuentro, entonces será mucho mejor recurrir a espacios de comunicación asincrónica. Por otra parte, la implementación de prácticas educativas virtuales, el entretenimiento, el teletrabajo, el gobierno electrónico, todos generan un tráfico en la red para el que no estaba preparada. La situación de aislamiento colabora con el uso de más datos, más megas, más tráfico. Se hace necesario un uso responsable de la red para beneficiar a todos.

El Estado, las instituciones y los docentes tienen la obligación –en diferentes grados y niveles de responsabilidad– de promover y garantizar el derecho a la educación para todos. Residentes y aun visitantes digitales buscarán a través de sus características de inmediatez, instantaneidad, extimidad, multitareas, multiplataforma, asumir su vida en los escenarios digitales sin más preocupaciones que “estar conectados”, pero están las personas que no están conectadas. Entonces, el desafío los deberá encontrar a ellos primero, debemos dar respuesta para garantizarles el derecho a la educación: primero el Estado, luego las instituciones y finalmente los equipos docentes. De no hacerlo, están siendo cómplices de profundizar las desigualdades sociales, pero de no hacer nada, mucho más aún.

La educación en escenarios virtuales no implica 24×7; sin embargo, debiéramos poder analizar la cuestión desde tres vértices: institución, docentes y estudiantes. Será una decisión de cada docente cómo trabajar en la virtualidad: habrá quienes sostengan los mismos horarios que la presencialidad, habrá otros que propongan diferentes horarios. Lo importante es que sea una decisión docente y no una imposición de la institución al respecto.

Hoy nos toca vivir estos tiempos de convulsión global y a la vuelta de la pandemia nos encontrará reinventando-nos para pensar en una educación que vuelva a reconocer en el OTRO, y en sus realidades físicas y virtuales, su mejor piedra fundante.

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